Ahora que estamos muertos

“Qué triste cuando se acaba la vida durmiendo en la calle”

Miguel Rubio es trabajador social y sociólogo, y esta es su primera obra. Miguel trabajó durante años en el Centro de Acogida Municipal para Personas sin Hogar de San Isidro en Madrid. Tras esta experiencia surge esta novela de fácil lectura, pero de contenido intenso y emocionante.

Comienzas leyendo en la primera página una frase de Andrés Calamaro que dice:

“Alguien fuma en el cajero y sueña que tiene la televisión prendida. Qué triste cuando se acaba la vida durmiendo en la calle”

La historia que nos trae el autor te hace reflexionar, estremecerte, conectar con los personajes, y por lo tanto con las personas en las que se ha inspirado para retratar esta realidad. Hay partes en las sientes que le tienes que gritar “no, no lo hagas”, “puedes hacerlo de otra manera, confía en ti”…

Durante su lectura y por supuesto al finalizar, sientes que algo ha cambiado en ti, y realmente lo sientes así cuando vas por la calle, levantas la mirada y ves a esos personajes del libro en la vida real; el Manitas está en el cajero cuando vas sacar dinero, al Picolo y a la Sorda te los encuentras deambulando por la calle, a Cristina en el banco de al lado.  

Así que con mayor facilidad te pones en el lugar de las personas que se encuentran viviendo en la calle, empatizas y comienzan a ser visibles. Eres consciente de la importancia de no perdurar la invisibilización de las personas sin hogar.

Una realidad muy bien plasmada, así que de pronto te ves analizando el sistema. Tres profesionales del Trabajo Social para atender a todas las personas que están en el centro de acogida. Sólo ven a las personas que atienden cuando caduca la tarjeta de estancia o por alguna infracción cometida. Más profesionales por allí que tampoco podrán hacer demasiado más que asistir: profesionales de la psicología, teraputas ocupacionales, entre otros personales.

Luis Alberto, conocido también como el Besugo, es trabajador social y tiene la sensibilidad de un estropajo. Una actitud y habilidades lejos de lo que para mi es un trabajador social.

 

 

  • Cristina Díaz! – El trabajador social Luis Alberto, El Besugo, gritaba apoyando una mano en el quicio de la puerta, y con un gesto exagerado de impaciencia (…)
  • Bueno, ¿qué? ¿No te has despertado aún?- dijo al tiempo que chasqueaba un par de veces los dedos delante de la cara de ella (…)
  • La última vez te dije que te pensaras bien lo de volver al C.A.D.- continuó (…)

Empezó en una ocasión el programa con metadona, le iba bien, pero después de quedarse dormida dos veces (obviamente por estar colgada) y no llegar a tiempo, perdió la plaza. Entonces descubrió lo diabólico que era el mono de esa droga legal y controlada, algo que nadie le había dicho y que a ella le pareció, sin duda, peor que el del caballo. “No, no tengo ganas de volver a pasar por aquello”, pensó.

  • ¿Qué dices? (…)
  • Todavía no lo he pensado
  • Todavía no lo has pensado… – repitió con un tono burlón y estúpido, mientras Cris se preguntaba por qué aquel tipo repetía siempre lo que ella decía. Y ¿por qué empleaba ese tono afectado?, ¿por qué se creía mejor que ella? Y ¿por qué tenía que dar cuenta de lo que quería hacer con su vida, si es que quería hacer algo, a un tipo como aquel? (…)
  • Bien, haremos una cosa- continuó él-, desde ahora pasas a “tarjeta pernocta”, es decir, sólo para volver a cenar y dormir, de modo que cuando salgas de aquí te vas a la calle hasta las siete y así todos los días, para que se te vayan aclarando las ideas ¿Okey? (…)
  • Si rechazas todas las ayudas y no quieres poner de tu parte, tendrás que buscarte la vida tú sola, ¿de acuerdo?- sermoneó El Besugo

Desde muchos recursos nos vemos “presionadas” para intervenir con las personas utilizando las amenazas. Frases como “si no vas a este recurso,  tienes el tiempo limitado aquí” o “si no cumples con esto, se retira esta prestación”. Y yo me cuestiono, ¿realmente esto funciona? ¿funcionan estas amenazas? ¿Qué lleva a las y los profesionales a actuar como este personaje?

Quizás un sistema menos asistencialista, más personal que pueda llevar un trabajo más personalizado con las personas, un acompañamiento más profundo, una atención que vaya más allá de la simple demanda, una atención a las problemáticas específicas que puedan presentar las personas.

Además como profesional te cuestionas, ¿lo hacemos bien? ¿el sistema realmente funciona? ¿estamos dando respuesta a estas personas como realmente necesitan? ¿los estigmatizamos desde nuestros puestos trabajos?

Con este libro además he llegado a las mismas conclusiones que he llegado otra multitud de veces:

1.- Este es un trabajo que te tiene que gustar y te tiene que salir de las entrañas. Si no fuera así, busca otras opciones, trabajas con personas que se merecen respeto.

2.- Si estás quemadx, lo cual muchas veces en esta profesión no se da solo por el trabajo en sí, sino más bien por las condiciones a las que estamos sometidaxs: respira, distanciate un poco de esto, recarga pilas, busca ayuda si lo consideras necesario, y vuelve más grande, más fuerte y con ganas nuevamente. Dar un paso atrás para coger impulso en muchas ocasiones es una grandísima decisión.

Uno de los fallos que le encuentro al libro es la estigmación que se puede hacer de las personas que viven en la calle, asociándose al consumo. Los personajes se mueven entre cartones de vino Don Simón y la heroína, echando de menos el reflejo de personas sin hogar sin esta vinculación.

Por otro lado, a medida que avanzas navegando en sus páginas, se refleja el trato que las mujeres sufrimos cuando vamos por la calle, tengamos hogar o no, con frases como “¡Eh, chocho, dónde irás tan sola como este frío!”. A más de una, tristemente, nos suena…

Aunque esto se manifiesta de una manera muy suave y sutil, no reflejando la cruel realidad por la que pasan estas mujeres. Hecho en falta esa dura violencia a la que se enfrentan en las calles .

Así que esta historia la complementamos con más documentos que hablan de las personas sin hogar. Hace poco descubrimos “Mujereando”, la compañía teatral de mujeres sin hogar de Rais Fundación en Sevilla. Muchas de ellas han sufrido violencia de género y esta situación, sumado a otras causas, las ha llevado a la calle.

 

 

En una entrevista a Miguel, el autor decía::  

“En la pobreza hay mucha hipocresía. Nos dan pena los indigentes cuando salen en la tele, pero no les queremos cerca de nuestro portal (…) No entiendo que algunos acogidos lleven 30 años viviendo en un albergue (…) cuando más tiempo pasas en ellos, más difícil resulta salir y volver arriba (…) No se les van a acabar los problemas por muchos bocadillos que les repartan. Son personas que sufren una desestructuración interna que requiere respuestas mucho más complejas”

Les comparto una gran frase que me quedo del libro:

 

 

Quizás quieras leerlo, así que pincha aquí y comienza esta aventura;)

¿Ya lo has leído? ¿Qué te ha parecido? ¡¡Tenemos muchas ganas de conocer tu opinión!!

Autor: Miguel Rubio

Año de publicación: 2008

Qué es este libro: narrativo, práctico para el TS

Qué no es este libro: no es un libro de teoría ni mucho menos técnico

Lo mejor: la realidad de la historia, rápidamente empatizas con los personajes.

Lo peor: no contempla realidades de gente sin hogar que no esté vinculada al consumo de ctóxicos, ni refleja del todo la realidad de las mujeres que se encuentran viviendo en la calle.

Recomendado para: quien quiera una buena historia, sencilla pero compleja a la vez; por supuesto para profesionales que quieran bien conocer otras realidades, otros colectivos con lo que queda mucho por hacer, otras perspectivas y que quieran replantearse cómo mejorar profesionalmente.

Tania Mesa Luis

Tania Mesa Luis

Content manager

Bloguera por convicción, trabajadora social por vocación. La comunicación es la clave

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